sábado, 18 de enero de 2014

.................. y murga para el dolor ¡¡¡

Música para la tristeza y murga para el dolor

A un año y siete meses de la , más de 20 artistas se sumaron anteayer a un inédito encuentro en .

Nubarrones en el horizonte recibieron a los viajeros. Foto: Patricia López, Cigarrapy.

A Hernán Maciel le conmueve sobremanera el fondo de nubarrones que amenazan cerrarse sobre la soja, las cruces y las carpas. Le sobrecoge el sojal inmenso entre las cruces de los muertos de la masacre del 15 de junio de 2012 y le conmueve, también sobremanera, esa sonrisa amable de las familias que saludan a los visitantes,  el desamparo en que viven y “como la soja llegaba hasta el borde de la ruta”. Le sorprenden las patrulleras que vigilan las precarias carpas, que registran la llegada de los visitantes y le cala en lo más hondo esa  enorme diferencia de “magnitudes entre la lucha de la gente sencilla, amable, contra la colosal estructura sojera”.

Bochín Teatro Clown, como exsorcisando el viento. Foto: Patricia López, Cigarrapy

Todo el programa previsto durante el viaje de los músicos, poetas, comunicadores y activistas se estrella contra un mundo inapelable. Atrás quedaban el calor húmedo y el sol espléndido que cobijaran el viaje de los 36 pasajeros del colectivo a Marina Cue.

Ese viaje que desde un mes atrás venía organizando el grupo Golpe a Golpe, Verso a Verso. Añicos se hacía el programa de presentación del libro “la masacre de Curuguaty, Golpe sicario en el Paraguay” (de este relator) y la intervención ordenada de más de 20 artistas locales y nacionales.


Pero el escenario crea y se recrea, diría Jorge (Bochín) Brítez, al comandar su murga bullanguera entre las cruces y los sojales, como desafiando a esos nubarrones del Sur a jugar una danza de vida y muerte, como convocando “aquellos míticos pájaros campana del bosque Atlántico”, nos dice el periodista Jorge Zárate, en su primera impresión sobre el encuentro. “Pisar Marina Cue, la sangre sembrada en la tierra, por la tierra, tiene una carga emotiva y de acción ineludible”, amplía.

Pronto la lluvia se apropia del territorio sin permiso del Indert ni de los usurpadores, Campos Morombi, que un mes después de matarse a 17 personas ya habían sembrado, otra vez, los granos transgénicos en esa tierra que fuera donada al Estado paraguayo en 1967 y que éste lo ocupara, a través de la Armada Nacional, hasta 1999. Y que por decreto del presidente Nicanor Duarte Frutos se transfiriera, en el 2004, al Indert para su distribución a las familias campesinas. No en vano que al músico Hernán Maciel le sobrecoge esa descomunal diferencia entre “la gente sencilla y la colosal estructura sojera” que gobierna gran parte del territorio paraguayo.

La improvisada luz eléctrica se apaga. La gente se agolpa en la carpa al compás de Cerro Cora, propiciada por Bochin Teatro Clown. La música convoca en su lenguaje. Sin presentaciones ni protocolo, se abre la peña, con gente que sabe, que siente. Al grupo local Andariegos, de gitarras y arpas, se suman Claudia Miranda y Sergio Peña. Purahei jahe’o para los presentes. Destierro, py’aro y pukara, todo junto. Pronto se enfilan dos niñas con la danza paraguaya, un niño indígena con una guitarra que encontrara en el basurero de una estancia y a la que le improvisara unas cuerdas. Exquisitas punteadas de Jorge Sandoval, Rubén Romero y Hernán Maciel.

 Fuerza en la voz de Pachín Centurión, Carlos Cáceres, Sergio Peña, con Ñemity, Tetagua Sapucai y otros temas del canto popular. Sentido profundo en la “Violeta Parra paraguaya” Claudia Miranda y mucha convicción en el canto de Hugo Flecha,  Nilton Vázquez y Jorge Zárate.

La delegación que se sumó el encuentro a los un año y siete meses de la masacre de Curuguaty. Foto: Patricia López, Cigarrapy.

La fuerza poética

“Aunque ni Avelino, ni los Castro, ni Rubén figuren en la agenda de bestias televisivas/ aunque nos engañen las bocinas, el cemento, la rapidez, la rutina y nos digan que bajo el asfalto nunca hubo yvy pyta, kapi´i, y poti rasa/ aunque nos oculten la tragedia de Avelino, de Lucía, de Vidal/ aunque nos alejen con las falsas barreras del ruido/ seguimos buscando puentes que unan la lucha y la conciencia”, diría Rebhe De Lemos, en una parte de su escrito preparado para el encuentro. Qué más, que más. Mariano Castro, padre de Adolfo Castro, ejecutado el 15 de junio; de Adalberto, al que le dieron muerto entre los sojales por tantas golpizas recibidas de los policías; padre de Néstor, al que lo encarcelaron con la mandíbula destrozada, recibió los libros de este relator. Agradeció el gesto, con voz serena y humildad en el corazón. La lluvia inmensa, como esa noche de la tragedia en que los refugiados, varios de ellos gravemente heridos, se lamían las heridas en el bosque: una hermosa mancha en ese territorio completamente talado para el cultivo de la soja transgénica.

Foto:Patricia López, Cigarrapy

Nilton Vázquez. Foto: Patricia López, Cigarrapy.

Juan se creó su propia guitarra y sonó despacito. Foto:Patricia Vázquez, Cigarrapy


Danza y arpa paraguayas. Foto: Patricia López, Cigarrapy.

Pachín Centurión y Carlos Cáceres. Foto: Patricia López, Cigarrapy.

Acogidos por la carpa, el festival se vivió más íntimamente. Foto: Patricia López, Cigarrapy.

Mariano Castro recibe los libros de mano del autor de “la masacre de Curuguaty”, Julio Benegas. Foto: Patricia López, Cigarrapy.

Poesía y música en guarani. Foto: Patricia López, Cigarrapy.

Fuente: http://ea.com.py/musica-para-la-tristeza-y-murga-para-el-dolor/

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