sábado, 23 de enero de 2016

¡¡¡ MAS CLARO..................AGUA ¡¡¡

Son miles de familias, afincadas desde hace décadas. Son trabajadores, gente  que se esfuerza, vive, disfruta y sufre. Periódicamente tienen un sufrimiento extra; en realidad dos: la inundación  y el desprecio social.



Toda la burguesía y un sector de la clase media los ve como un problema. El sueño de éstos es hacer una hermosa costanera al estilo Puerto Madero de Buenos Aires previo desalojo de todos los pobres. Están de acuerdo en que el Estado realice fuertes inversiones para controlar las inundaciones, canalizar los cursos de agua y recuperar terrenos en las zonas bajas. Lo que no están de acuerdo es que sean los actuales pobladores los que vivan en las tierras recuperadas. Estos tienen que ser radiados a varios kilómetros de la ciudad.

¿Por qué no se van a las casas que el Estado les ofrece en otro sitio? Es una de las cuestiones más escuchadas. Si saben que se va a inundar frecuentemente ¿por qué se quedan en las zonas bajas? Están acostumbrados a recibir ayudas y eso les queda cómodo. Además, la mayoría de ellos son vagos que no quieren trabajar. Todas estas expresiones escuchamos todos los días respecto a los inundados.Estas ideas surgen de la concepción de que la única solución para los inundados es el desalojo. 

Está demostrado que se puede ganar terrenos al río, rellenar los bajos y construir viviendas confortables para los habitantes de los barrios frecuentemente anegados.

Los pobres tienen derecho a vivir en la ciudad

El proyecto de “Franja costera” existe desde hace más de veinte años, pero no para los pobres. Para éstos el plan es el desarraigo  y, con suerte,  viviendas en lugares lejanos. No importa que sean familias de larga tradición en la zona. El gobierno, las grandes empresas inmobiliarias y hoteleras y el conjunto de la burguesía comercial y de la construcción se han puesto como objetivo hacer negocio con las miles de hectáreas de terreno de las zonas inundables. Pero habrá negocio siempre y cuando se vayan los actuales ocupantes. El Estado  puede invertir para dar oportunidad de lucro a la burguesía, con torres de departamentos, shoppings y clubes, pero no tiene ningún interés en hacer complejos habitacionales para los trabajadores de las barriadas costeras.

El gobierno desprecia a los trabajadores y a los pobres, promueve una sistemática campaña de desprestigio en alianza con la prensa comercial tratando de mostrar que de los barrios de las zonas inundables provienen todos los delitos y vicios de la sociedad. Cartes llegó a llamar “chiquero” a uno de los asentamientos.

“Pobres pero delicados” fue  el titular de uno de los periódicos que  critica el rechazo de los inundados  a mudarse a villas lejanas, fuera de Asunción. La gran mayoría de los pobladores ribereños trabaja en la ciudad, muchos de ellos incluso en el centro y por supuesto prefieren estar cerca del lugar de sus empleos o de sus changas. Su reivindicación es legítima: quedarse en el lugar donde viven y vivieron sus antepasados. Si se puede hacer la franja costera libre de inundaciones, los actuales pobladores son los que tienen derecho a ella. Pero el gobierno empresarial  no respeta el derecho al arraigo.  Por ser pobres  deben irse a donde se les imponga.

El asistencialismo es reaccionario

Centenares de jóvenes se han unido para solidarizarse con las familias que sufren el drama de la inundación. Festivales, colectas, visitas son las actividades promovidas por las iglesias, partidos políticos, organizaciones estudiantiles. El gobierno, la prensa burguesa, todos los partidos, incluido los de izquierda tienen la misma línea: ayudar a los pobres inundados llevando comidas, chapas, clavos, etc. De esta manera el gobierno está ganando la batalla política: convencer a la población de que la forma de encarar el drama de los inundados es con el asistencialismo.

Las iglesias y los sucesivos gobiernos han instalado la concepción de que entre todos debemos armar un gran frente de la caridad para los afectados por la inundación.  Y allí cayeron los jóvenes, los centros de estudiantes universitarios e incluso los grupos de izquierda y otras agrupaciones populares que militan en los bañados, que se organizan para hacer colectas para los pobres. Cayeron en la trampa del gobierno, el cual  así se ve libre de la presión de dar asistencia en la actual emergencia y libre de dar respuesta efectiva al verdadero problema de fondo.

El asistencialismo es reaccionario porque oculta el verdadero problema, canaliza las energías hacia la compasión, despolitiza disfrazando de solidaridad los actos de limosna y porque señala como lo más importante  hacer donaciones en vez de organizarse para enfrentar los problemas reales.

Lucha en vez de limosna

Los universitarios hicieron un terremoto desde setiembre, lo que se llamó la primavera estudiantil o estudiantazo. Irrumpió una gran movilización que derribó autoridades e hizo temblar al gobierno. Sólo desde este estallido se puso en discusión la necesidad de una reforma universitaria. Hace falta hacer algo parecido para que emerja con claridad la solución para el drama de los inundados. La situación debe cobrar una nueva fisonomía política: la solución no está en el asistencialismo sino en la movilización para liquidar definitivamente la causa del problema. No es el río que sube sino la desatención y la desidia del gobierno lo que afecta a los bañadenses.

La única manera de poner fin a la triste situación que se repite todos los años es poner en pie un plan de lucha para exigir al gobierno que ponga en marcha el plan de franja costera y de protección de todas las ciudades que sufren inundaciones, la recuperación de los terrenos inundables y la construcción de viviendas destinadas a sus pobladores.

El gobierno quiere echar a los pobres de esos barrios para convertir esos sitios en emporios inmobiliarios. Toda acción asistencialista que no denuncie esta política se convierte en cómplice.
Es deber de los municipios y del gobierno brindar asistencia a los pobladores en esta emergencia y el papel de las organizaciones sociales y políticas es denunciar cuando las autoridades no cumplen su papel y ayudar a los inundados a fortalecer sus organizaciones para que ellos mismos se movilicen.

Es necesaria la unidad de las organizaciones de los bañados, los sindicatos de trabajadores, las organizaciones universitarias y la izquierda  para conformar un gran frente de lucha a fin de que los inundados reciban la asistencia del Estado en esta emergencia y para que se ponga en ejecución el plan de solución definitiva que debe realizarse con los mismos pobladores.


Fuente:  http://indignados-socialistas-py.blogspot.com/

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